viernes, 18 de junio de 2010

>Loa a un niño de cartón


Loa a un niño de cartón.





ÉL Era TODo . A veces una nube
solitaria que se posaba en mi ventana,
para lloverme las más finas palabras
que llevara en el bolso. A veces
era un rio, de esos que comienzan
en un glaciar perdido
y se unen al mar, sabiendo
que a él nadie lo vio
hacerse grande y luminoso
desde el principio de sus horas.

A veces sonreía, como quien esconde
un secreto de patas cortas y manos
hasta el techo. Sonreía mintiendo,
dejando en claro que estaba bien
y que lo demás le daba igual
como quien habla del clima en la calle.

Y yo corroboraba su mentira,
pero le recordaba
que en mi cuerpo había espacio
suficiente
para toda la piel expuesta
que aún no cerrase sus heridas.

Todo era así. Él llegaba a morirse
de él, en las puertas de esta casa
buscando un refugio
donde dejar el corazón en la entrada.
Quería solo un respiro en sus pulmones
un espacio en mis senos , una canción
de mis labios que le supiera
a esa familia de papel que no tenia
entre las manos. Y yo quise dársela
desde que lo vi apretando los dientes
en señal de fortaleza, ocultándome
sus lágrimas sin color
con las ganas de quien quiere morir
en el segundo mas piadoso que transcurra.

Y yo me ofrecí a besar sus ojos
hasta que el brillo retornara
a erigir y nacer orquídeas en ellos.
Que si él necesitaba un color para su
cuerpo, tomase mis venas
e hiciera con ellas los árboles más grandes
que le cupieran en el pecho.

Que yo siempre garuaría para él
cuando lo necesitase. Porque yo
solo quería entenderlo en su país
de los por qué y los tal vez arrullando
tristezas en los parques.

Porque yo lo amaba con todo ese miedo
a la realidad que le residía dentro. Porque amaba
sus costillas rotas, su piel cansada y esos ojos
nublados que miraban hacia la nada. Así era él,
con sus defectos que me sabían a la gloria
y sus silencios que adornaban mis sonrisas.
Y lo ame y ame para cubrir sus cenizas de
todo aquello que pudiera regalarle
mi existencia naufragante en sus dedos.

Y él también me amó como solo él podría hacerlo.

Colgó sus nieblas en mi puerta y alzó mis velas
con ese viento que aviva el destino. Y me vio
como nadie mas me había visto jamás, como
tocándome con ese café amargo en sus pupilas
buscando el refugio que también yo necesitaba.

Y se abrió a mí. Dejó a sus pétalos alimentarse
de mi ocho días a la semana , con madrugadas
que hablaban del amor compareciente
y de mutua inexigencia.

Aunque no era necesario.

Yo era tan suya como solo podría serlo
el mismo latido
que sacudía su ropa con los movimientos de mi linfa.

Porque él sabia mas de toda mi vida que yo
en mil años de la suya. Porque no necesitaba más
que un beso esquivo de razones , una caricia tímida
o un te quiero desgastado que hubiese nacido
en los confines de su afónica boca de futuro.

Era ese adorarlo de luna a luna, escribiéndole
en las paredes que los por siempre a mi no me
bastaban. Y a él tampoco, como también todo el
tiempo que le daba.

Pero en este mundo que guarda crueldades en
su garganta, como esperando el paso errado
que el destino obliga a caminar, estaba
esperándonos a la vuelta de esa gris acera
que llenaba de espinas como oro el rey Midas
todo lo que tocara.

Celos. La brisa huracanada que no perdona
límites ni respeta sentimientos. Ese gigante
que rompe todo a su salida expandiendo
sus fronteras. Porque el pájaro que dejo
venir a mi balcón, vino con el requerimiento
de tener mas de mi
a pesar de que ya lo tenia todo.

Y él se hirió. Lo laceré con solo una negativa
en mis gestos explicándole la única y real
circulación de mi carácter .

Porque él no me entendió,
y comenzó a dudar de mis jerigonzas
como quien duda del aire que respira.

No había motivos para que yo viese
a su piel frágil romperse por mi culpa.


Y yo me quebré. Me quebré con él
desangrándome por dentro. No quiso
oírme recordándole que todo lo que
tenia era mis ganas de nunca abandonarlo
y de morirme en sus muslos cada día.

Así es mi niño de cartón.

El inicio y final en ese villano cuento
de príncipes acongojados
y princesas que buscan rescatarlos
de si mismos y ese dragón que encarcelan.

Mi dulce niño de cartón.

Porque aún espero que escriba mi
nombre en las paredes de sus labios
y haga de mi verbo una sílfide
para su mundo.

Siempre ha sido así
como que aquí
siempre he estado para él.

Y lo seguiré estando.

Porque en esa historia que nunca
se termina de editar

Aún yo estoy dispuesta
a cubrir sus heridas con mi cuerpo.


Él lo es todo. Mi amado niño de cartón.

2 comentarios:

Jorge Luis dijo...

aplausos eres grande mi linda damita de cristal
un cosmico

el gordo dijo...

fantastico!te sigo,suerte!

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