viernes, 15 de julio de 2011

Voila


Me gusta esa continuidad de tu boca mencionando el ultimo  no me importa dentro de las paredes rojísimas de tu boca de manzana. Me gusta ese  aroma en el viento que nos ronda cuando empañas mi ropa con ese  cálido jamás lo entiendes que sueles repetir como una oración vacía. Me gusta ese ritmo, tan candente como purpura, que aun llevas entre los ojos como una pequeña caída de sangre recordándote que eras su cuervo carmesí  que  regalaba sus alas moribundas hacia allá.Me gusta, es decir, me encanta, ese desparpajo con el que hablas del pasado y de mis errores como rayos de sol, nuevamente acarreados a un mar de calma. Me gusta, ese desatino, tan bastardo tuyo para afirmar que su lugar es estando juntos, y hablarme de nosotros como si fuera una pieza más que mover. Me gusta así mismo, tu reconfortante manera de decir que te duele, como si yo no entendería casi nada más. Y más aún, me encanta, esa pequeña manera de decirte que tenemos que hablar de algo que terminara sencillamente en un voila (…)

domingo, 10 de julio de 2011

Amanha e hoje.

Amanha e hoje.


Amanha e hoje.

Todavía hay cosas demasiado simples para decirnos, alguna tarde de  silencios rojos y miedos verdes, como si fuesen dulces caramelos puestos en nuestra ventana tan gris de esperar. Diríamos primero con la parsimonia de un vals de Miyazaqui, que los tiempos son charcos de lluvia desapareciendo ante mi vida soleada en ocupaciones. Diríamos que mi trabajo ocupado, que mis amigos cercanos, que mi exacta deferencia de llegar a decirte que el día había sido tan pesado que tenía que irme a los pocos minutos ya. Yo que sé. Diríamos cosas de tonos punzocortantes con la misma  dulzura de algunos modismos  tiernísimos que nos solíamos  guardar. Discutiríamos algún rato más de todos aquellos parapléjicos hechos que decíamos venir ver algún día en algún momento  un poco más sano de emociones y más corto de cuerpos distantes. Hablaríamos del ayer  exabrupto y del mañana indulgente; de las ideas desnudas que se nos iban amontonando en el  cuarto y de las pocas ganas que tenían para vestirse y andar. Llegaríamos entonces, a la decisión de abandonarnos por milésima vez, pero  repitiéndonos claramente que ninguno sería el que  diera el paso al final. Retrocederíamos lentamente como ovejas hasta ese punto donde nos hallábamos con nuestro lobo interior. Alzaríamos las voces hasta ese rojo en mayúsculas poniendo en tela de juicio todo aquello dicho pero no dicho a lo largo de la relación. Respiraríamos entonces, llenándonos de ese aroma a quizás y a no quiero dejarte  tan evidente en la habitación. Bajariamosle corcheas a ese rictus de confusión con algunas ramas de confesión… y zaz. Volveríamos entonces al cauce normal del rio que parecía jamás detener su camino por más  árbol de patrañas cayéndole en la espalda a las ganas. Y dejaríamos en medio de todo esas cosas demasiado simples para decirnos con palabras, pero si con actos grandilocuentes morándonos la piel (…)

Sal con una chica que no lee

Sal con una chica que no lee

Sal con una chica que no lee (Por Charles Warnke)

Sal con una chica que no lee. Encuéntrala en medio de la fastidiosa mugre de un bar del medio oeste. Encuéntrala en medio del humo, del sudor de borracho y de las luces multicolores de una discoteca de lujo. Donde la encuentres, descúbrela sonriendo y asegúrate de que la sonrisa permanezca incluso cuando su interlocutor le haya quitado la mirada. Cautívala con trivialidades poco sentimentales; usa las típicas frases de conquista y ríe para tus adentros. Sácala a la calle cuando los bares y las discotecas hayan dado por concluida la velada; ignora el peso de la fatiga. Bésala bajo la lluvia y deja que la tenue luz de un farol de la calle los ilumine, así como has visto que ocurre en las películas. Haz un comentario sobre el poco significado que todo eso tiene. Llévatela a tu apartamento y despáchala luego de hacerle el amor. Tíratela. 

Deja que la especie de contrato que sin darte cuenta has celebrado con ella se convierta poco a poco, incómodamente, en una relación. Descubre intereses y gustos comunes como el sushi o la música country, y construye un muro impenetrable alrededor de ellos. Haz del espacio común un espacio sagrado y regresa a él cada vez que el aire se torne pesado o las veladas parezcan demasiado largas. Háblale de cosas sin importancia y piensa poco. Deja que pasen los meses sin que te des cuenta. Proponle que se mude a vivir contigo y déjala que decore. Peléale por cosas insignificantes como que la maldita cortina de la ducha debe permanecer cerrada para que no se llene de ese maldito moho. Deja que pase un año sin que te des cuenta. Comienza a darte cuenta.

Concluye que probablemente deberían casarse porque de lo contrario habrías perdido mucho tiempo de tu vida. Invítala a cenar a un restaurante que se salga de tu presupuesto en el piso cuarenta y cinco de un edificio y asegúrate de que tenga una vista hermosa de la ciudad. Tímidamente pídele al mesero que le traiga la copa de champaña con el modesto anillo adentro. Apenas se dé cuenta, proponle matrimonio con todo el entusiasmo y la sinceridad de los que puedas hacer acopio. No te preocupes si sientes que tu corazón está a punto de atravesarte el pecho, y si no sientes nada, tampoco le des mucha importancia. Si hay aplausos, deja que terminen. Si llora, sonríe como si nunca hubieras estado tan feliz, y si no lo hace, igual sonríe.

Deja que pasen los años sin que te des cuenta. Construye una carrera en vez de conseguir un trabajo. Compra una casa y ten dos hermosos hijos. Trata de criarlos bien. Falla a menudo. Cae en una aburrida indiferencia y luego en una tristeza de la misma naturaleza. Sufre la típica crisis de los cincuenta. Envejece. Sorpréndete por tu falta de logros. En ocasiones siéntete satisfecho pero vacío y etéreo la mayor parte del tiempo. Durante las caminatas, ten la sensación de que nunca vas regresar, o de que el viento puede llevarte consigo. Contrae una enfermedad terminal. Muere, pero solo después de haberte dado cuenta de que la chica que no lee jamás hizo vibrar tu corazón con una pasión que tuviera significado; que nadie va a contar la historia de sus vidas, y que ella también morirá arrepentida porque nada provino nunca de su capacidad de amar.

Haz todas estas cosas, maldita sea, porque no hay nada peor que una chica que lee. Hazlo, te digo, porque una vida en el purgatorio es mejor que una en el infierno. Hazlo porque una chica que lee posee un vocabulario capaz de describir el descontento de una vida insatisfecha. Un vocabulario que analiza la belleza innata del mundo y la convierte en una alcanzable necesidad, en vez de algo maravilloso pero extraño a ti. Una chica que lee hace alarde de un vocabulario que puede identificar lo espacioso y desalmado de la retórica de quien no puede amarla, y la inarticulación causada por el desespero del que la ama en demasía. Un vocabulario, maldita sea, que hace de mi sofística vacía un truco barato.

Hazlo porque la chica que lee entiende de sintaxis. La literatura le ha enseñado que los momentos de ternura llegan en intervalos esporádicos pero predecibles y que la vida no es plana. Sabe y exige, como corresponde, que el flujo de la vida venga con una corriente de decepción. Una chica que ha leído sobre las reglas de la sintaxis conoce las pausas irregulares –la vacilación en la respiración– que acompañan a la mentira. Sabe cuál es la diferencia entre un episodio de rabia aislado y los hábitos a los que se aferra alguien cuyo amargo cinismo countinuará, sin razón y sin propósito, después de que ella haya empacado sus maletas y pronunciado un inseguro adiós. Tiene claro que en su vida no seré más que unos puntos suspensivos y no una etapa, y por eso sigue su camino, porque la sintaxis le permite reconocer el ritmo y la cadencia de una vida bien vivida.

Sal con una chica que no lee porque la que sí lo hace sabe de la importancia de la trama y puede rastrear los límites del prólogo y los agudos picos del clímax; los siente en la piel. Será paciente en caso de que haya pausas o intermedios, e intentará acelerar el desenlace. Pero sobre todo, la chica que lee conoce el inevitable significado de un final y se siente cómoda en ellos, pues se ha despedido ya de miles de héroes con apenas una pizca de tristeza.

No salgas con una chica que lee porque ellas han aprendido a contar historias. Tú con la Joyce, con la Nabokov, con la Woolf; tú en una biblioteca, o parado en la estación del metro, tal vez sentado en la mesa de la esquina de un café, o mirando por la ventana de tu cuarto. Tú, el que me ha hecho la vida tan difícil. La lectora se ha convertido en una espectadora más de su vida y la ha llenado de significado. Insiste en que la narrativa de su historia es magnífica, variada, completa; en que los personajes secundarios son coloridos y el estilo atrevido. Tú, la chica que lee, me hace querer ser todo lo que no soy. Pero soy débil y te fallaré porque tú has soñado, como corresponde, con alguien mejor que yo y no aceptarás la vida que te describí al comienzo de este escrito. No te resignarás a vivir sin pasión, sin perfección, a llevar una vida que no sea digna de ser narrada. Por eso, largo de aquí, chica que lee; coge el siguiente tren que te lleve al sur y llévate a tu Hemingway contigo. Te odio, de verdad te odio.
Artículo Original en ElMalpensante.com
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Pd:sal con una chica que lee,y mejor aun, que escribe.

Pretas condições

Pretas condições

Pretas condições

Conocianse hace bastante como para saber que una  invitación a tomar un café significaba siempre algo más. Quizás la tonta costumbre de mentirse tan evidentemente lo hacía tentador como peligroso para ambos y sus vidas tan lejanas de puntos en común. El era un  silvestre ingeniero que solía hablar todo el día de lo cuanto amaba ser respetado en su empleo, y ella amaba no oírlo, cuando mas recalcaba que su ego era simplemente una mentirilla más. Ella era dentista y amaba su consultorio solo y cerrado donde se sentía alguien infinitamente más contenta rodeada de  pacientes sin un rostro en especial, pero él solía decir que la apoyaba diciéndole que, muy bien, pero que en ese instante que dejara todo por verlo en ya.  No era precisamente una historia de amor lo que tenían, ni tampoco una de odio en general. Era básica y simplemente una relación de te tolero porque no deseo aburrirme haciendo cualquier otra cosa  que quizás podría ser más  tediosa que tú, pero aun así lo dudo.  Parecían buscarse, simplemente para pasar el rato, charlar de alguna tontería,  y en algunos casos salir a beber algo para matar el día. Mas él tenía un defecto; él no la buscaba por eso, si no porque encubría algún latido fosilizado en medio de su coraza de  todo lo puedo yo. Era inconveniente en todos sus sentidos. Un sentimiento así no podía existir en la recta de sus  cotidianos placeres absurdos, sería ilógico, que en ese trato de no me importas más que el tiempo que deseo perder ahora  renaciera en forma de su extraño y contrario palpitar. Más, como todo en ese lugar y en esa relación imposible de llamar así, era absurdo empeñar alguna ilusión. Era solo lo que era, y hacerlo más seria perderlo todo en esa sola habitación donde ella desearía siempre hablar de que el mundo estaba  aguardándola  en algún camino sin  que las ataduras fingieran de aire, y él , que solo amaba oír su propia voz, reflejándose en las paredes agudas de   un tiempo compartido para descansar. Conociánse hace bastante  para saber que por mas confusiones de latidos innombrables, allí no había más que la misma nada  en racimos de  semanas al azar (…)

Fazendo e amando

Fazendo e amando

No es necesario hablar mucho. Solamente entender algunas cosas importantes que son bastantes obvias aquel instante : él está alli porque te ama lo suficiente como para demostrartelo en los modos que hagan falta, incluyendo  si  te negaras a ese momento él lo entenderia ampliamente; él desea lo mejor para ti en toda circunstancia u ocasión y sobre todo, él esta alli porque desea que ello sea algo para siempre, por y para siempre.Porque te ama y lo amas y aquello es una confirmación  más de todo aquel sentir.Asimismo,  velo y siente con el cuerpo y el corazón.No necesitas nada mas.
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Búsquedas perdidas

Búsquedas perdidas



 Se habían besado tanto hasta ese instante, que cuando ella reaccionó, se dio cuenta que estaba cometiendo un gran error de pequeñas dimensiones. Una jarra de licor había  actuado del peor modo posible, dándole alas a aquello que ni siquiera podía caminar. Esa relación extinta hace tantos ayeres, que en este momento solo podría definirse, como un enorme fracaso  de latidos, que inclusive, había dejado  sencillamente de doler   .  Esa noche ella estaba decidida a no verlo como un objeto, como algo tan inservible de vértices sonrojables, pero quizás útil, para un solo y vacío rato de euforia, al fin bailable sin la soledad. Pero esta vez fue absolutamente distinta a esas tantas anteriores  aquellas donde ella detesto que tocase sus labios, pero que si  se alimentase de su cuerpo  deplorablemente. Esta única vez ella pensó encontrar en sus labios, debajo de todo ese sabor a licor, un pequeño atisbo de amor, de cariño inconmensurable, una infinitésima parte de lo que ella buscaba para su vida con desesperación. Pero allí, tras besos aquí, besos allá, besos de polvo dispersos en el aire de esa noche, nada  había realmente. Al final, ella lo despidió con un beso en los labios como agradeciéndole esa bastarda búsqueda  que no llevo a nada una vez más. Sonrió despacio y volvió a caminar por ese vano rumbo una vez más, pensando  porque ella jamás podía encontrar eso mínimamente que buscaba… así fuera en quien menos debiese(…)

Pra ele, e pra sempre.

Pra ele, e pra sempre.

  
Escribir es el arte de domar fieras inconmensurables  / y hacer que de la profunda oscuridad en sus ojos / salgan  las propias voces / que  uno no deja desangrar  fácilmente. (VPx)

Pedro Salinas, escritor de la generación española del 27, definía a la poesía como “Una aventura hacia lo absoluto”. Una definición clara y exacta   a mi parecer del trabajo poético  de Mauricio Pablo Emmanuel  Fernández. Puede decirse abiertamente que en su alma narrativa  tan idílica como placentera   están expuestos los mejores elementos  en su forma más llena de vértices y ángulos hacia el espectador. Una aventura hacia lo maravilloso de la cotidianidad vista desde los ojos  escondidos en las mimas emociones que  duermen en medio de cada acción a realizar. Casi como un viaje al interior del espíritu del autor, donde podemos ver fácilmente  el surrealismo  delicioso de  un día normal  diseccionado en cada partícula que pudiese contener.
Erizo, el seudónimo con el cual  lo conocí, ha sido un signo clave en la poética y narrativa de este autor.  Dilucidaba claramente ya en  su poema El dilema del erizo una amplia demostración de esos  otros modos de sentir el ambiente en su piel, al llamar a su propio modo a las emociones y renombrarlas con otras  palabras fieles y completas al entender de su sangre – El erizo evita tener un contacto real – afirmaba. Y esa  distancia  le permitía  encontrar esa pequeña esquirla que nadie lograba observar. Podemos también apreciarlo tan consistente y fuerte en poemas  como  Los ángeles también se suicidan, especialmente en los versos – Descubriendo el claro desatino / de creer en el Dios de las telarañas -  hablando ampliamente sin tabúes ni intermedios de los profundos pliegues del corazón en relación a sus propias creencias personales y oníricas. Así mismo sus amplios conceptos sobre su propia existencia y su relación con la marea de gente que habita en  los límites de sus emociones - Soy un castillo de arena y nubes / descostillado por el desparpajo del océano /esa marea eterna a la que llaman vida
Su melancolía es un sello habitual en sus creaciones. Puede mostrar el envés y revés  de una soledad amantada,  un vacío de color, una nostalgia de vida, así como muchísimos más elementos  comunes y novedosos posibles. Es innovador, un modo efervescente de latidos nombrables por sus manos  de distintos modos cada vez. Pero  siempre sin olvidar su marcado estilo de escritura     - No renuncio a ser / un rumiante de espinas –Y a pesar de  versos tan destacables como - Un "algo" borroso / Un "yo" diluido -  él perfectamente sabe  cada  retazo del cual está compuesto; su seguridad  innegable de espíritu para poder hacer de las palabras campos extensos del cual es posible y factible solo esperar más, y más calidad.
Afirmo de este modo que la vena  y oficio de domador de términos, versos y pasiones  llamado Mauricio Pablo Emmanuel  Fernández, es solo la parte inicial del amplio y gran bosque que él esta llegando a ser con el tiempo. Su dedicación hacia este arte lo hace un personaje al que habría que apreciar y consultar con el pasar de sus años, pues  auguro que su desarrollo será brillante y sumamente especial. Además de ya estar demostrándolo a través de sus logros en concursos de poesía y foros de internet. Espero  así mismo  ver como en adelante termina de pulirse para convertirse  en  alguien que sin titubeo no dudaremos en reconocer (…)


 (Vianne d’Praux)

- carta de recomendación escrita para uno de mis mejores amigos,
que es tambien uno de los mejores poetas que conozco,
espero de él, mil estrellas  mas suyas para el cielo -

Duvidas no ar

Duvidas no ar

Tenia inmensas ganas de irme.Ganas de solo alzar alas, ver algun punto en la lejania y sencillamente avanzar.No era facil, pero era mas dificl quedarse. Irse seria como olvidarse de el tiempo presente y sus ramas por todas las habitaciones, olvidarse de los problemas que daban vueltas alrededor de mi cabeza, como esperando ese ligero golpe que me hiciera besar el polvo... y zaz! tomarme entre ellos y hacerme presa de mis propios errores pasados. Tomar maletas, coger el primer avión hacia o mundo dos nao perguntas no era exactamente una solución, pero si un placebo, un parche pequeñito en medio de una espalda totalmente partida desde arriba a abajo por la mitad. Asi tanto así.Irse no era la mejor opción, pero era la salida mas facil de hablar y hacer. Mas ¿y aqui?Aqui no precisamente estaban cosas que me retuvieran por entero, pero si una un poco no tan cerca, que requeria que estuviese aqui para que las cosas estuvieran bien; si,- él- . No voy a decir que él es una atadura, pues no lo es, pero a la vez tambien puedo aseverar que es  el nudo que necesito para mi barco a la deriva.Cuando le comenté que queria irme, dije que  trataria que las cosas  las llevarámos como siempre, mas obviamente no sería asi.El no quizo decir abiertamente que eso seria una pared entre nosotros, pero se que lo pensaba.En el fondo yo no queria irme por ello, nada podria ser mas hermoso y mio, que levantarme en las mañanas fresca y tranquila y buscar el modo de  hacerle saber que pienso en sus ojos, su mirada hacia mi cuando dice que florezco amapolas cuando sonrío y en su modo de amarme tan amplio como perfecto.Hace poco le confesé algo muy importante para los dos, el hecho de estar deseando ciertas cosas definitivas en la vida de ambos, él lo habia notado en mi y era tan real como nuestras respiraciones agitadas en nuestras madrugadas siempre tan  inescribibles e incontables. El era mi motivo lejano tan cercano para decidirme a  enfrentar ese lado mio que andaba aun enredado en los vaivenes de un ayer mucho antes, que no supe llevar hacia la orilla.No era precisamente que estuviesemos cerca, pero nunca hemos estado lejos uno del otro, y queria seguirlo estando en adelante.Queria que me sujetase fuerte y me repitiese al oido- quedate y hazlo-, quizas él no llegaria a decirmelo en palabras jamas  porque sabia que esto de  irme me era importante, pero asi tambien supe oir la voz de mi propio camino diciendome que no postergue más las cosas.Aqui quiero estar para él y para solucionar aquello que debo para alcanzarlo.Pronto, yo lo sé, pronto.Vé como estoy madurando realmente amor(...)

Deficiencias.

Deficiencias.



Ignoro quien soy ahora mismo. Ignoro mis límites internos y sus raíces como serpientes insondables a lo largo de mi espíritu. Tengo miedo, de saber quien soy ahora, de quien deseo ser ahora, de fallar en el soy que deseo ser mañana y aun después de eso, miedo de todo. Miedo de conocerme, entenderme y odiar lo que veo, lo que siento, lo que deseo con todo el corazón, y si es que realmente verdad lo que pienso. Quizás y me miento. Ocurre que no confío en mí, y no confío en mis manos y en el uso que suelo darles cada día al despertar como una brisa despreocupada de  destino y sentido real. Me miento. Me levanto cada mañana poniéndome la mascara del día que corresponde y sonrío para los demás. Buenos días amor, buenos días amigo, amiga. Todo genial, claro, mas tarde, ok. Sonrisa falsísima. Por dentro todo parece ser una nube ploma de aire, dispuesta a hacerme tantas heridas como le fuese posible, una a vez mas. Ignoro quien es la que responde ahora mismo. Ignoro quien es la que dice amar y acto seguido reafirmar ello; quisiera ser yo. Quisiera afirmarlo con una sonrisa, quisiera ser y a la vez no. No lo sé, odio ser quien no soy y quizás regrese a ser un instante de desasosiego más en mi garganta.

Céu preto

Céu preto



No había nada más que decir, él dijo adiós, y ella esperó que cumpliera su promesa. Los febreros de desgracia se habían acabado como las nubes oscureciendo las noches que ella tanto amaba. Al fin se sentía libre, al fin se sentía una persona real, como en mucho tiempo había olvidado que era.
Él dijo adiós, y ella solo se limitó a sonreír. La tormenta había pasado al fin, dejando ver esos detalles que había olvidado de tanto quitarse la piel para ver si hallaba algo en donde sentir  algo más fuerte que la soledad impregnándole el aire de esquirlas. Si alguna vez él le dolió, no iba a recordarlo jamás, ni a su carácter egoísta ni a sus obscenas maneras de amarla desdiciéndose, pero a la vez  reiterándole que la necesidad de su  juntos era innegable. Tan contrario él, tan idiota él. Pero ya no importaba, ella hacia bastante que tenía controlada esa parte de si llamada sentimentalidad en una jaula detrás de todas sus heridas  personales, así que él podía poseer su cuerpo por puro placer, pero nunca más su corazón. Su soledad la hacía cometer los errores más atroces para con ella misma, tantas veces como ella nunca esperó. Pero aquí estaba ahora, armándole una enorme puerta para ese adiós que él tanto se justificaba en dar. Decía que ya no soportaba su frialdad, sus ganas de no amarlo y sus muchos modos de demostrarle que él no era más nada que un juguete para .Ella sonrió, pues era verdad, alzó sus manos hacia el cielo y dio un respiro tan profundo que pensó haber retenido por un instante todo el aire del mundo entre su cuerpo. Todo comenzó a ponerse celeste de ese cielo que seguramente traería una noche esplendida esa vez (…)
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Abrilismos.

 Abrilismos.

Sabía que él no me quería. Era demasiado obvio entre sus pretensiones de solo momentos y escondites para los sentimientos, que solo buscaba un pequeño affair, tan breve como insignificante que sería de bobos absolutamente  caer en ello. Pero yo si lo quería, y quizás querer sea una palabra muy grande para mi versión de las cosas; él solamente me gustaba, pero me gustaba, es decir, realmente estaba pensando en sus ojos y en la forma en que sus labios debían de moverse con los míos una noche cualquiera debajo de una lluvia sorpresiva como deseadas así tan simple, yo no lo quería para nada más que ello, al igual que él a mí, y eso era lo horrible de esa situación. Las ganas ese día de garua se cayeron al cesar esta y la cordura, asimismo, volvió a su silla de costumbre a devanarse la honestidad una vez más.(…)

Verde coraçao

Verde coraçao

Sus ojos eran del mismo color que el prado primaveral hallable en medio de mi corazón. Había llegado un día así sin más a decirme que las casualidades no son solo ello y que las mejores maneras de agradecer a un destino juguetón y ocioso de sorpresas era conociéndonos mejor. ¿Y porque o que las cosas se sucedieron así? Sería fácil y difícil de explicar a la vez tan sencilla como complicadamente. Lo conocí hace tanto que no lo recordaba con exactitud, y es que no hay muchas palabras para explicar los ojos de una adolescente mayor de ideas, de edad, y de pretensiones, cuando solía ver a un pequeño y delgado niño que aun jugaba con sus amigos a esas cosas tan simples que un niño de primaria suele hacer. De allí podría contar un lapso largo de tiempo en el cual desapareció de mi vista como debía de ser exactamente, entre las personas que mientras crecen, se dedican a otras cosas y empiezan a buscar el oscuro y des-mapeado rumbo de su vida en adelante. Y así fue hasta hace unos seis años atrás cuando las casualidades tomaron otro nombre y aun sin llegar, a ser serendipias, eran maravillosas; así como curiosas de sentir. Desde allí comenzaron los “encuentros” tan burdos como bonitos donde un par de jóvenes, mayores y distintos de cuerpo como de mente, comenzaron a tener la costumbre de siempre verse sin hablarse. Constantes como oportunos en medio de los lugares comunes e incomunes, es decir, subir a un bus, caminar por algún lado, rastrear tesoros y viajar a la Atlántida. Bueno, no tanto así, pero básicamente la costumbre de verse siempre con detenimiento, como quien estudia cada detalle y lo analiza tratando de encontrar entre el profundo valle de los recuerdos, ese aquel, en donde esos ojos ajenos concordaran con otros idénticos en el pasado. El tiempo transcurrió connormalidad años y años, hasta que por esa misma treta de ese sino que tanto oculta y tanto da, un día sin más lo devolvió a mis asuntos de cada mañana de una forma que es así de común como instantánea y bueno, hablamos, al fin, después de once años, hablamos. Entonces todo comenzó con un hola de mi parte y un acércate del suyo. Nada más importó en ese momento donde me perdí en lo hermosos de sus rasgos y en lo vacío de sus bonitas y engañosas palabras dadas. Decía él, con el convencimiento de alguien que puede demostrar que el cielo cabe en su bolsillo, que yo y él debíamos saltarnos lo que habíamos perdido en ese tiempo y empezar ya, es decir, empezar, olvidándonos de nombres, de lugares y de lerdas circunstancias, a sencillamente amarnos. Amarnos en secreto, que porque no es bueno andar en la boca de la gente como un pedazo de pan caliente que anda en todas las lenguas cada mañana. Que quizás entre una sesión de mimos y abrazos, entre pocas palabras y más acción, podríamos hacer de toda esta serendipia un gran y serísimo amor. Fue triste realmente, cerrar así de un portazo la ilusión de algo bonito que terminó desembocando en la cruel realidad, un amor platónico que mostró que las ovejas pueden terminar siendo más ávidas que un lobo y tener unos dientes más afilados que muchas promesas cualquieras que se pueden dar sin más. Pero como dije y dije siempre alguna vez, la edad no es solo una excusa, si no una manera de sopesar y entender. Él podía estar yendo, pero yo ya había regresado y eso nadie lo podría cambiar. Entonces sus ojos dejaron de ser, para siempre, del mismo color que el prado verdísimo y real en mi corazón (…)

Sobre aquél y mi versión de algún obsceno hecho.

Sobre aquél y mi versión de algún obsceno hecho.




Él tenía 19 años y lo amaba. Lo conocí en circunstancias tan casuales como bobas, y como casi todos, no pensé que fuese algo que pasaría de allí .Tenia él demasiadas cosas en la mente cuando me conoció, que sencillamente dijo que fui como su luz de allí en adelante, que como al mar embravecido, yo fui su luna mañosísima de bordes que subía y bajaba a mi antojo la marea de su enorme sentimentalidad. Tan rosa yo, tan cursi él. Y tanto que me importaba, que fue increíble tanto lo que sucedió como tanto lo que quisiera ahora olvidar. Fue sencillamente de esos amores tan extensos como erróneos y tan carnales como abismales. Así era él, un ego andante que cubría el pavor a verse realmente pequeño como era en realidad; tenía mucho miedo que tan solo yo vi esas tantas tardes de hotel que pasábamos enredados de piel, más no de corazones. Creo que yo amaba de él su manía de adorarme como quien idolatra esa pequeña cosa que lo hace especial y es infaltable e indeseable de soltar. Amaba que me amase y que fuese su niña pequeña a la que consentir, fuese una palabra corta por todo lo que realmente quería expresar. Amaba sentirme deseada y casi divina para esa alma perdida que a pesar de todo siempre reafirmo que era yo todo tanto y demasiado para él. Y lo amé cuanto pude, pero solamente un corto espacio de tiempo nada más. Cuando mi boca se cansó de su sabor y del mismo color de su alma sobre mis ojos, mis pasos anduvieron a l puerta de esa relación con un “no regreso” escrito y firmado. Él tenía 19 años y ame que me amara, más no realmente a él.

O céu é da cor de suas mãos

O céu é da cor de suas mãos

Perspectiva de un recuerdo proyectado.
(O céu é da cor de suas mãos)






Nada habría podido ser mejor en ese momento, cuando las palabras se nos acabaron y las ropas volaron hacia un lugar aún más desconocido, una mirada bastó para que el color de su alma fuera idéntica a la mía, porque cuando volvió a susurrarme al oído que me amaba, las paredes desaparecieron y sentí que había vuelto a nacer en lo profundo de sus ojos café (…)”






El viento jugueteaba con nuestros cabellos esa tarde que volvimos a vernos, luego de haber pasado todo el día anterior juntos. El miraba las paredes del edificio que quedaba al frente de nuestro punto de encuentro con una escueta sonrisa en los labios que hasta entonces yo solo le había conocido. Era casi la una de la tarde cuando llegue algunos minutos demorada para verte, algo sonrojada por haber corrido para tratar de no hacerte esperarme aún más. Te acercaste y rápidamente me dijiste al oído:






- Buena tarde bonita, gracias por la noche de ayer-


- ¡qué cosas dices!- le repliqué automáticamente con un pequeño gesto de coquetería.


- Ayer no dejaste mis sueños ni por un solo momento …


- Tú tampoco dejaste los míos, cariño- le respondí al unísono de mi corazón exaltándose con sus palabras.






En ese momento él sonrió de un modo más amplio del habitual. Para cuando cogí su mano y le dije que camináramos un poco, me abrazó sin pensarlo y mi respiración se entrecorto de la emoción. Se disculpó a los pocos segundos de ello, pero yo me acerqué a algunos centímetros de su boca y le respondí – te amo ¿sabes?-. Volvió entonces a abrazarme más fuerte.


Para cuando decidimos ponernos en marcha no sabíamos exactamente a donde ir. Recordé entonces que él en algún momento mencionó que había un museo realmente interesante por la cantidad de cosas y colores que mostraban. Él pareció entender que estaba recordando esas cosas en ese preciso instante, porque sostuvo mi mano aún más fuerte y comenzó a caminar sin decirme nada. Momentos después estábamos en la entrada de ese sitio donde había tantas cosas para ver ,como emociones para sentir a su lado .Creo que pasó una hora aproximadamente cuando decidimos salir, ese día en especial yo no tenía intenciones de solo ver cosas y caminar apaciblemente, si no, de estar, un poco más cerca de él.


En ciertos momentos yo reía de alguna de las cosas que él decía y acercaba mis manos para acariciarle el rostro y jugar un poco con sus rizos, a veces me respondía con sus ojos y podía leer en sus pupilas que estaba también contento de estar allí conmigo.


Esa tarde todo parecía ir aún más lento de lo habitual. A veces sentía que apretaba más ni mano y en otras que quería decir algo y no terminaba de animarse a lanzarlo para mí. Seguimos caminando por una calle repleta de gente y de lugares donde cualquier cosa podría ser comprada, era increíble sentir como las cosas nuevas aparecían una tras otras y él estaba allí para verlas conmigo. En algún instante que no conseguí seguir con los ojos, el apareció con un detalle que nunca había olvidado: un algodón de dulce. Lo vi a los ojos y le dije – gracias- sonriéndole. Se sonrojó por unos instantes y besó mi frente como si yo fuese una niña pequeña.




Debían ser las cuatro cuando estábamos ya ligeramente cansados de caminar. Le dije que estaba comenzando a hacer algo de frio, cuando recalcó que ese vestido rojo que llevaba le parecía estar hecho especialmente para mi.- sé que el rojo es tu favorito y hoy deseaba que tus ojos se posasen solo y únicamente en mí, amor…- y entonces me interrumpiste.- No necesitas de ponerte nada para ser el centro de mi pensamiento- mencionaste con un gesto serio – todos mis días solo sé pensar en ti-


Sólo atine a abrazarme a su cuerpo y querer escuchar sus latidos acelerándose.


Pasaron algunos minutos cuando te pedí que fuéramos a mi apartamento. No había llevado ninguna cosa con la que cubrirme del frio, ofreciste darme tu saco, pero creo en ese momento él notó como yo, que quería estar a solas juntos en un lugar tranquilo. Pienso en realidad que ambos deseábamos estar juntos de un modo más cercano, pero por ese mismo temor a no saber cómo decirme muchas de las cosas que pensaba y no salían de su voz.


El lugar donde estaba quedándome no quedaba demasiado lejos de donde estábamos en ese momento, así que llegamos en menos de media hora de conversación, risas sueltas y frases que parecíamos demostrarnos al ir de la mano. Subimos las escaleras despacio y al llegar a la puerta, él se detuvo y cogiéndome de la cintura me unió a su cuerpo, besándome tan apasionada como dulcemente unos instantes que parecieron cortísimos al terminar.


-He esperado más de veinte años por ti –susurró a mi oído al soltar mis labios.




Abrí la puerta y entramos de la mano al apartamento. Las cosas estaban un poco desordenadas pero a ninguno de los dos nos importaba realmente. Dejé mi bolso sobre la mesa de la entrada y sin pensarlo me dirigí hacia él y uniendo mis manos por detrás de su cuello lo besé con esa intensidad que tenía en el pecho desde hace todos esos años que deseábamos estar juntos y no podíamos. Mi respiración era tan leve que fue casi imperceptible, para cuando él me empujó despacio hacia una pared con él, mis latidos estaban totalmente desordenados y mis labios solo lo buscaban a él.




Nada habría podido ser mejor en ese momento, cuando las palabras se nos acabaron y las ropas volaron hacia un lugar aún más desconocido, una mirada bastó para que el color de su alma fuera idéntica a la mía, porque cuando volvió a susurrarme al oído que me amaba, las paredes desaparecieran y sentí que había vuelto a nacer en lo profundo de sus ojos café. Entonces, mis pechos alzaron vuelo hacia la brisa que nos rodeaba y sus manos se convirtieron en el vino más dulce que pudiese saborear mi piel.


La noche llegó en un abrir y cerrar de ojos, cuando sobre esa cama de sábanas rojas él y yo decidimos complementarnos de esa forma tan perfecta que solo pueden alcanzar dos almas que encajan perfectamente una en la otra.


- ¿estas segura de esto amor?- me dijo cuando pude sentir su peso abrigando el calor de mis deseos.


- Estoy segura de que te amo y segura de que te deseo conmigo aquí y en adelante- respondí viéndolo a los ojos


- Para siempre, es así como te quiero conmigo- me reiteró formando esa mirada en sus ojos, que yo deseaba ver por el resto de mi vida a mi lado.


Unos gemidillos cortaron el silencio que cubrió la habitación unos pocos segundos. Una sábana se resistía a caer y dejar ver el sueño que había estado esperando cumplirse desde hace tanto tiempo en cada poro de sus cuerpos.


Cuando un rayo de luna se filtró por una ventana se oía la voz de él diciéndome algo que quedaría grabado para siempre en mi piel – nadie había causado nada en mi hasta que apareciste tú, tú y tu brillo que desprendes al estar incluso sin hablar, en algún momento pensé que me quedaría solo, ¿pero sabes? desde esos todos años que llevamos juntos no hay nada en mi vida que no quiera hacer junto a ti. Por eso te amo, porque llenas todo y has llenado en mi lo suficiente como para pedirte que nunca te vayas de mi(….)-


Miré hacia sus ojos con mis pupilas húmedas de tantas emociones que invadían mi mente y le susurré :


- Yo brillo porque tú me haces brillar, te amo y así es como siempre quiero y va a ser-




Entonces con la paciencia de un ave uniéndose a la primavera me besó. Aquella noche todo el mundo cupo en ese pequeño apartamento hecho nuestro mundo de dos.

Sonho vermelho

Sonho vermelho

La noche prosiguió su camino tan despacio que no se percataron de que fuese tan tarde aquella vez . Él prendió la televisión sin pensar en algún programa o canal en especial, solo la encendió para que el silencio de la habitación no fuera tan evidente. Ambos estaban nerviosos, nunca habían pasado tanto tiempo a solas en un lugar cerrado así que ninguno de los dos sabían que hacer exactamente, en ciertos momentos solo podían oír los latidos acelerados de cada uno acompañando el ruido de la televisión. Estaba dando un programa de enigmas y misterios, entonces ella comenzó a verlo con atención. Estos temas eran su delicia personal y empezó a contarle que esas historias ella las sabia y se las narró sin pensar en el momento anterior a ese aire nuevo que se sentía ahora en la habitación . El solo la veía hablar y mover sus manos como haciendo figuras en la nada , con la fascinación de quien ve una luz brillante acrecentar todo de repente. Entonces él se acercó un poco, la tomó entre sus brazos y sin pensarlo nuevamente la besó. Solo hacía falta un pequeñísimo paso, para que sus sentimientos se desbordaran definitivamente desde esos tantos años venían acumulándoseles en la piel y que esperaban pacientemente solo las miradas de ella para florecer.

- ¿Recuerdas ese miedo que decías tener?- dijo él mientras acariciaba el cabello de su amada como si tocara una nube

- No había ninguno - respondió- solo necesitaba ver tus ojos viéndome así para estar segura de que soy eternamente para ti.

Él la beso nuevamente con la pasión de una flor sosteniéndose de la fragante primavera.

Esa noche no cupo ningún silencio más en ese mundo únicamente de dos.

Nimiedades de febrero

Nimiedades de febrero

Nimiedades de febrero


Llevabas días de días diciéndome lo mismo de todos nuestros años, con la misma desvergüenza de quien conoce esas palabras por primera vez, y por ende, no se preocupa de su imperfecta repercusión. Decías que donde diablos estaba, que en tal sitio en 10 minutos, que esperarías poquísimo y más me valía estar allí, tan pronto, como ya, y colgabas. Era increíble como conservabas esa tranquilidad que solo los niños tendrían al decir algo tan natural como gracias al recibir un premio merecido. Y aún más ahora, que solo éramos amigos del tipos que prefieren llamarle amistad a una serie de eventos desafortunados luego de haber fracasado como pareja. Hacen creo, al menos seis años desde la última vez que te tomé la mano y repetí con tantas ansias que esperaba pasar toda la vida así contigo, con mi voz de tontísima adolescente que pensaba que el mundo tal vez lo habías creado tú. Tontísima de verdad. Y ahora el ser tan amigos era más bien un conflicto amplísimo de manos. La confianza que teníamos nos había transformado en pequeños monstruos tan cansados de la soledad , que ocultaban sus corazones buscando matar el tiempo en la constante charla de pieles agitándose. Placer sin gracia en realidad, placer vacío de tiempos y de realidades. Era vernos, entrar, quitarse prendas, razones, deseos y esperanzas y volver a cubrirse de pena al salir. Aburrido ciclo de bastardías que nos comían el alma lo suficiente como para luego no sentir la más mínima vergüenza de ello. Tan así. Y claro, dijimos que no lo haríamos más , pero solo me bastaba ver tu boca al decirme ¿qué haremos hoy? para entender que tus intenciones siempre tirarían a ello, tanto como las mías. Llamaste y dijiste que porque soy terriblemente mala contigo, que porque no tengo ganas para verte, que somos amigos y debería de estar acatando sus palabras ya. Pero querido, hasta las cosas más vacías a veces se llenan del suficiente coraje como para alzar su propia carne de entre la cama de los errores, vestirse decentemente y salir por la puerta sin mirar, diciéndote que jamás vuelvas a mentarme ni la sombra, que las cosas se terminan y que por más soledad que me cueste, la nuestra, te la dejare solamente a vos, mientras me alzo y me largo a deshacer sueños en otro lugar para siempre sin ti. Y seguramente vas a llamar, pero tranquilo, no tendrás que colgar porque antes de eso, lo haré yo. Tú sabes, así como ya.

Renuencias.

Renuencias.

El segundo cigarrillo terminó por extinguirse. Debían ser las dos de la madrugada, pero realmente no importaba ello, ahora, otras tantas ideas rondaban en su mente como pequeñas voces mezclando los ruidos del exterior con su propia conciencia. Se levantó para ver a través de la ventana que la calle seguía igual de vacía que ese mismo día más temprano, o al menos así lo era para ella. No importaba nada, el hecho de sentirse vacía y sola no cambiaría por ver a miles de extraños correr por esas avenidas de destinos inciertos. Abrumarse así era tan sencillo como agotador en todo momento.

Cogió una silla y subió al borde de la ventana. El viento se sentía increíblemente tan dulce como acariciable; a veces tenía la impresión de que con solo estirar las manos podría aprisionar un poco de ello entre las palmas; entonces sintió como una brisa helada la devolvía a la realidad. Estar en un sexto piso le daba algo de miedo, pero contrariamente, se sentía más segura estando allí, encima de sus días, encima de todo, como si estuviera un poco más cerca del cielo cada vez.

Miró hacia abajo. Todo se veía oscuro pero a la vez calmado, sintió que si quisiera dar un paso más todo a su alrededor se detendría por segundos, pero no deseaba ello. Odiaba la idea del tiempo corriendo por su garganta como algo tan áspero de sabores, pero también odiaría el simple hecho de ya no volver a sentir nada nunca más.

Lo pensó nuevamente. El dolor a pesar de ser algo que no desearía, le era útil, le era necesario. Amar esa tortura en los labios la hacía sentir viva, como si realmente fuera una persona real.

Esa noche decidió cerrar fuertemente la ventana y apagó las luces .Se recostó en su cama mientras las lágrimas rompían el obsceno silencio de esa habitación oscura.

Endings.

Endings.


Las fuegos artificiales brillaban  en medio de todo el ruido que habia  fuera en la calle. Debia de ser medianoche ya. El tiempo se le habia ido en un solo abrir y cerrar de ojos  en ese solo instante que se quedó dormida en medio de esas sábanas tan ajenas de  aroma , como de calor.

Miró hacia la ventana detenidamente, observando como  el cielo se podia teñir de tanta alegria con esas luces, y a la vez, sentir tanta soledad allí  precisamente esa noche.

Volvió a recostarse en los brazos de aquel tipo que la acompañaba esa noche. Por mas asco que le tuviese, la soledad, era algo que preferia evitar  hoy a todo modo ... a toda costa.

3 de 3.

3 de 3.

Tú eres del fuego
De la aurora que el ande deslinda en su falda
De la mañana y canto sobre las portezuelas de la plaza
Y volcanes orgullosos que estian

tu eres del la luz
que va filtrada en las persianas del cuarto
y que saca a los ratones de su madriguera
y va anegando cada ojera mia

tu eres de las ramas que asoman caprichosas
y atrapan a los peregrinos extraviados
que buscan cabañas con leños crepitando
hasta desesperar


tu eres de esos amores que rasguñan insomnios
y que defienden ovnis a capa y espada
que letánicos, solo quieren algo de tinta y agua
tal vez chocolates


tu eres de esas mujeres
que yacen con algas y caracolas en el pelo
y adoran principes que montan pegasos arrogantes
con crines de oro
cascos de trueno
ajena para menesterosos y campesinos bohemios que se tienden bajo un palmera
a dibujar nubes

2 de 3

2 de 3

"... que habrá tras tu mirada
que tanto oculta y tanto da "


Dices, que una estrella cruzo el deseo
y que los granos de arena parecían cabezas de alfiler,
que las mujeres se desnudaban por las plazas,
que la sal del mar quedo hecha remolinos,
que los senderos se perdían en cuevas miríficas,
y las cartas a las madres nunca eran leídas,


*que dos luciérnagas volaron al ras,
que las penínsulas se daban ínfulas,
que los reyes se vestían a escondidas de reinas,
que los amores se fundían en horrores,
que el crash carecia del bang,
que los cerros se cansaron de mirar impasibles,
y la música abandono para siempre al hombre,


*que el aire estallaba en moléculas,
que los cabellos de la madrugada se caían envejecidos,
dices,
dices
que estabas al pie de mi puerta hecha un capullo,
y nunca te vi.

1 de 3

1 de 3

(i.-)

Hoy,
mi voz se acostó como rayo naranja sobre los cerros,
encantó colegialas que jugaban con los lazos de su pelo negro azul;
los pasos vigorosos de la mitad del día me encontraron
recolectando estrellas muertas en el morral
y jaurias
y violetas
y malditas caracolas de mar,
para ahogar el tiempo asi como sus arenas talladoras de dunas,
mas los huesos ya no esperan trémulos el toc toc de la puerta
ni estoy descalzo.


Hoy,
cansado de asesinar dragones con pecho de diamante y coraza,
quiero abrigarme en alas y sentir el olor del café recien pasado que anunciaba el invierno
o dejar de leerte las pupilas de agujero negro
(just a matter of time?).
Inasible, paseo la sonrisa incólume por la plaza, hasta le doy de comer a las palomas...y aún
juego a la disociación frente al espejo con esta cara llena de hendiduras
mientras quiero que me digas con tu acento de comarca:
Si alguna vez
Sí, alguna vez
"Sí", alguna vez.


Hoy,
me has dolido más que nunca,
con tus susurros ácronos, como mujer de hace cinco años,
furiosa al oír que todo esto ya ha pasado antes,
volverá a pasar.
Voy ignorando paredes que ya se acercan al metro cuadrado
y dibujo con el índice tu vaivenes y trajes blancos,
atrapado en una ciudad húmeda, hambrienta de cuchillos y rascacielos
donde dios se ríe de mí, desde su nube,
con un par de binoculares

***

Este poema, el primero de tres, son recuerdos de alguien que fue muy especial para mi y su amistad un enorme y generoso regalo.NO pueden ir en la caja, porque, la oveja debe estar con las demas de su especie. Recordando.

Pláticas de algún lugar.

Pláticas de algún lugar.



- La quiero, eso lo sé, me parece una buena chica -
- No lo haces, solo te agrada-
- no es cierto, tú no sabes que puedo estar sintiendo o no-
- Sé que no la quieres, no te importa, si no, no estarías aquí conversando conmigo-
- Nuestra relación es distinta, nos damos tiempos, libertades, no estamos  demasiado pendientes uno del otro y vivimos así tranquilamente –
- eso no es una relación ni aquí ni en ningún otro lado, aun eres muy malo aceptando las cosas -
-  Quizás aun estemos conociéndonos bien con ella, es educada y linda, ideal, se parece a una modelo que sale en televisión-
-  Que suerte, supongo. Siempre pensé que la chica ideal para ti sería una prácticamente muda, sin replicas , sin opiniones demasiado marcadas, demasiado no yo, demasiado simple a mi parecer…-
- Es mi vida y creo que ella en el futuro puede ser ideal. Hablamos de nuestras carreras mucho, somos muy similares-
- Así que ella es bastante aburrida ¿no?- (risas)-
-No lo es, a mi me parece madura y cuando me replica algo lo hace muy calmadamente, no como tú-
- Sé que más bien ello te gusta, no soy un gatito, pero te gustan mis zarpazos eventuales-
- no digas tonterías-
- no lo son. Si  realmente la quisieras no te acostarías conmigo–
- (…)
- Vístete, es tarde. Tengo que llegar a casa pronto.
- Lo sé, vamos, te llevo.-

Madejas extendidas I

Madejas extendidas I

Llamó. Me preguntó como estaba y que hacia, que si todo ya estaba en su lugar y si aún lo extrañaba. Fue difícil decirle después de tantas afirmaciones que todo estaba  bien aún sin  él en  mis tintes diarios de cotidianidad y aburrimiento. Replicó austeramente, supongo pensó que mentía y que después de cuatro años las cosas son recuperables con solo días de por medio. Realmente no me importa. Salvo sólo decirle que  después de esa tarde de mentirillas bordadas en piel que  no habrá nada que nos una en un futuro tal como pensábamos. Sé que seria buen padre, pero yo no la correcta madre para sus hijos, siempre lo he sabido con tal exactitud que no pude verme  al espejo después de aquella ocasión. Culpa, la suficiente para hacerme recordar que no sé donde estaban mis recuerdos y mis porque, acerca de mi ruptura con él hace tanto tiempo. Nuestra maldita confianza  es tan apremiante que me avergüenza en absoluto solo poder tocar su cuerpo sin miedos de por medio ,hasta sentirlo como mío sin barreras ni  excepciones. Odio inmensamente ello, odio su color, su roce y su peso sobre el mío. Odio estar acostumbrada a él y a sus ojos y refugiarme en sus brazos sin al menos sentir algo en el pecho que me recuerde si estoy viva aún en esta tierra. Quisiera amarlo, todo sería mas fácil. Quisiera poder hacer  de ese asunto una total nimiedad y solucionar para siempre mis emociones en su sola jaula de metal. Pero no. Mis sentimientos son un raro conjunto de tensiones y problemas que no tienen un mapa para nadie. Y él ya lo probó, él nunca entendería ni entendió las nimias complejidades del universo de mi vida. Porque todo debe terminar con un seguro “ huiré de él”. Porque debe ser así, sus sentimientos no son un juego y tampoco los míos. Odio lastimarlo, pero es inevitable. Odio lastimarme, pero es más sencillo  y fácil de llevar. Tan solo dejar todo, ir, dejarse ir, ser sincera con alguien por primera vez en especial… Quizás poder. No lo sé.

Sounds of Vodka

Sounds of Vodka

Sounds of Vodka .

Tus besos seguían sabiendo y siendo tan iguales a los míos. No sé si tú aprendiste a entonar los labios en esa melodía que yo llevaba o fui yo la que decidió que tu canción era ideal para mí. Han pasado al menos dos años desde la última vez que uno de esos acercamientos tan virtuosos me supo a algo al menos aceptable. Dos años y tú no has cambiado un ápice a pesar de que quieras mostrarme que ahora no eres ese niño de espalda amplia y emociones escondidas aún más grandes. Decías que sólo conmigo sentías que eras otras persona, una persona mejor, una persona que quería ser como el resto de personas que amaban el mundo y buscaban proteger a alguien: a mi. Dos años y a pesar de tu bonita coraza de hombre maduro dispuesto a sortear montañas y matar dragones con los dedos, no has cambiado ni esa manera de vestir ni esa de mirarme como quien espera que voltee y le recuerde que todo esto puede que se convierta en una continuación del pasado. No. No es posible pensarlo de ese modo, hay demasiadas cosas en ese pasado que no me dejan olvidar que sucedió y porque conozco cada una de tus miradas como si de las mías se tratara. Dos años donde aprendí que hay labios más dulces y emociones más intensas. Porque supe que había besos que aunque descoordinados y menos parecidos a los míos podían ser aún mejores de por sí. Precisamente hoy, cuando sentada a tu lado, armada de una delgada capa de recuerdos sentí que tus besos, aunque del mismo color de los míos, no eran los que yo ya no necesitaba volver a sentir más. Dijiste que volver a verme te hacia extrañar demasiadas cosas, pero como todo en este sinusoidal destino, ello merece solo quedar en el pasado. Tus besos ya nunca podrían sentirse igual jamás.

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