Nimiedades de febrero

Nimiedades de febrero

Nimiedades de febrero


Llevabas días de días diciéndome lo mismo de todos nuestros años, con la misma desvergüenza de quien conoce esas palabras por primera vez, y por ende, no se preocupa de su imperfecta repercusión. Decías que donde diablos estaba, que en tal sitio en 10 minutos, que esperarías poquísimo y más me valía estar allí, tan pronto, como ya, y colgabas. Era increíble como conservabas esa tranquilidad que solo los niños tendrían al decir algo tan natural como gracias al recibir un premio merecido. Y aún más ahora, que solo éramos amigos del tipos que prefieren llamarle amistad a una serie de eventos desafortunados luego de haber fracasado como pareja. Hacen creo, al menos seis años desde la última vez que te tomé la mano y repetí con tantas ansias que esperaba pasar toda la vida así contigo, con mi voz de tontísima adolescente que pensaba que el mundo tal vez lo habías creado tú. Tontísima de verdad. Y ahora el ser tan amigos era más bien un conflicto amplísimo de manos. La confianza que teníamos nos había transformado en pequeños monstruos tan cansados de la soledad , que ocultaban sus corazones buscando matar el tiempo en la constante charla de pieles agitándose. Placer sin gracia en realidad, placer vacío de tiempos y de realidades. Era vernos, entrar, quitarse prendas, razones, deseos y esperanzas y volver a cubrirse de pena al salir. Aburrido ciclo de bastardías que nos comían el alma lo suficiente como para luego no sentir la más mínima vergüenza de ello. Tan así. Y claro, dijimos que no lo haríamos más , pero solo me bastaba ver tu boca al decirme ¿qué haremos hoy? para entender que tus intenciones siempre tirarían a ello, tanto como las mías. Llamaste y dijiste que porque soy terriblemente mala contigo, que porque no tengo ganas para verte, que somos amigos y debería de estar acatando sus palabras ya. Pero querido, hasta las cosas más vacías a veces se llenan del suficiente coraje como para alzar su propia carne de entre la cama de los errores, vestirse decentemente y salir por la puerta sin mirar, diciéndote que jamás vuelvas a mentarme ni la sombra, que las cosas se terminan y que por más soledad que me cueste, la nuestra, te la dejare solamente a vos, mientras me alzo y me largo a deshacer sueños en otro lugar para siempre sin ti. Y seguramente vas a llamar, pero tranquilo, no tendrás que colgar porque antes de eso, lo haré yo. Tú sabes, así como ya.

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