domingo, 10 de julio de 2011

O céu é da cor de suas mãos

O céu é da cor de suas mãos

Perspectiva de un recuerdo proyectado.
(O céu é da cor de suas mãos)






Nada habría podido ser mejor en ese momento, cuando las palabras se nos acabaron y las ropas volaron hacia un lugar aún más desconocido, una mirada bastó para que el color de su alma fuera idéntica a la mía, porque cuando volvió a susurrarme al oído que me amaba, las paredes desaparecieron y sentí que había vuelto a nacer en lo profundo de sus ojos café (…)”






El viento jugueteaba con nuestros cabellos esa tarde que volvimos a vernos, luego de haber pasado todo el día anterior juntos. El miraba las paredes del edificio que quedaba al frente de nuestro punto de encuentro con una escueta sonrisa en los labios que hasta entonces yo solo le había conocido. Era casi la una de la tarde cuando llegue algunos minutos demorada para verte, algo sonrojada por haber corrido para tratar de no hacerte esperarme aún más. Te acercaste y rápidamente me dijiste al oído:






- Buena tarde bonita, gracias por la noche de ayer-


- ¡qué cosas dices!- le repliqué automáticamente con un pequeño gesto de coquetería.


- Ayer no dejaste mis sueños ni por un solo momento …


- Tú tampoco dejaste los míos, cariño- le respondí al unísono de mi corazón exaltándose con sus palabras.






En ese momento él sonrió de un modo más amplio del habitual. Para cuando cogí su mano y le dije que camináramos un poco, me abrazó sin pensarlo y mi respiración se entrecorto de la emoción. Se disculpó a los pocos segundos de ello, pero yo me acerqué a algunos centímetros de su boca y le respondí – te amo ¿sabes?-. Volvió entonces a abrazarme más fuerte.


Para cuando decidimos ponernos en marcha no sabíamos exactamente a donde ir. Recordé entonces que él en algún momento mencionó que había un museo realmente interesante por la cantidad de cosas y colores que mostraban. Él pareció entender que estaba recordando esas cosas en ese preciso instante, porque sostuvo mi mano aún más fuerte y comenzó a caminar sin decirme nada. Momentos después estábamos en la entrada de ese sitio donde había tantas cosas para ver ,como emociones para sentir a su lado .Creo que pasó una hora aproximadamente cuando decidimos salir, ese día en especial yo no tenía intenciones de solo ver cosas y caminar apaciblemente, si no, de estar, un poco más cerca de él.


En ciertos momentos yo reía de alguna de las cosas que él decía y acercaba mis manos para acariciarle el rostro y jugar un poco con sus rizos, a veces me respondía con sus ojos y podía leer en sus pupilas que estaba también contento de estar allí conmigo.


Esa tarde todo parecía ir aún más lento de lo habitual. A veces sentía que apretaba más ni mano y en otras que quería decir algo y no terminaba de animarse a lanzarlo para mí. Seguimos caminando por una calle repleta de gente y de lugares donde cualquier cosa podría ser comprada, era increíble sentir como las cosas nuevas aparecían una tras otras y él estaba allí para verlas conmigo. En algún instante que no conseguí seguir con los ojos, el apareció con un detalle que nunca había olvidado: un algodón de dulce. Lo vi a los ojos y le dije – gracias- sonriéndole. Se sonrojó por unos instantes y besó mi frente como si yo fuese una niña pequeña.




Debían ser las cuatro cuando estábamos ya ligeramente cansados de caminar. Le dije que estaba comenzando a hacer algo de frio, cuando recalcó que ese vestido rojo que llevaba le parecía estar hecho especialmente para mi.- sé que el rojo es tu favorito y hoy deseaba que tus ojos se posasen solo y únicamente en mí, amor…- y entonces me interrumpiste.- No necesitas de ponerte nada para ser el centro de mi pensamiento- mencionaste con un gesto serio – todos mis días solo sé pensar en ti-


Sólo atine a abrazarme a su cuerpo y querer escuchar sus latidos acelerándose.


Pasaron algunos minutos cuando te pedí que fuéramos a mi apartamento. No había llevado ninguna cosa con la que cubrirme del frio, ofreciste darme tu saco, pero creo en ese momento él notó como yo, que quería estar a solas juntos en un lugar tranquilo. Pienso en realidad que ambos deseábamos estar juntos de un modo más cercano, pero por ese mismo temor a no saber cómo decirme muchas de las cosas que pensaba y no salían de su voz.


El lugar donde estaba quedándome no quedaba demasiado lejos de donde estábamos en ese momento, así que llegamos en menos de media hora de conversación, risas sueltas y frases que parecíamos demostrarnos al ir de la mano. Subimos las escaleras despacio y al llegar a la puerta, él se detuvo y cogiéndome de la cintura me unió a su cuerpo, besándome tan apasionada como dulcemente unos instantes que parecieron cortísimos al terminar.


-He esperado más de veinte años por ti –susurró a mi oído al soltar mis labios.




Abrí la puerta y entramos de la mano al apartamento. Las cosas estaban un poco desordenadas pero a ninguno de los dos nos importaba realmente. Dejé mi bolso sobre la mesa de la entrada y sin pensarlo me dirigí hacia él y uniendo mis manos por detrás de su cuello lo besé con esa intensidad que tenía en el pecho desde hace todos esos años que deseábamos estar juntos y no podíamos. Mi respiración era tan leve que fue casi imperceptible, para cuando él me empujó despacio hacia una pared con él, mis latidos estaban totalmente desordenados y mis labios solo lo buscaban a él.




Nada habría podido ser mejor en ese momento, cuando las palabras se nos acabaron y las ropas volaron hacia un lugar aún más desconocido, una mirada bastó para que el color de su alma fuera idéntica a la mía, porque cuando volvió a susurrarme al oído que me amaba, las paredes desaparecieran y sentí que había vuelto a nacer en lo profundo de sus ojos café. Entonces, mis pechos alzaron vuelo hacia la brisa que nos rodeaba y sus manos se convirtieron en el vino más dulce que pudiese saborear mi piel.


La noche llegó en un abrir y cerrar de ojos, cuando sobre esa cama de sábanas rojas él y yo decidimos complementarnos de esa forma tan perfecta que solo pueden alcanzar dos almas que encajan perfectamente una en la otra.


- ¿estas segura de esto amor?- me dijo cuando pude sentir su peso abrigando el calor de mis deseos.


- Estoy segura de que te amo y segura de que te deseo conmigo aquí y en adelante- respondí viéndolo a los ojos


- Para siempre, es así como te quiero conmigo- me reiteró formando esa mirada en sus ojos, que yo deseaba ver por el resto de mi vida a mi lado.


Unos gemidillos cortaron el silencio que cubrió la habitación unos pocos segundos. Una sábana se resistía a caer y dejar ver el sueño que había estado esperando cumplirse desde hace tanto tiempo en cada poro de sus cuerpos.


Cuando un rayo de luna se filtró por una ventana se oía la voz de él diciéndome algo que quedaría grabado para siempre en mi piel – nadie había causado nada en mi hasta que apareciste tú, tú y tu brillo que desprendes al estar incluso sin hablar, en algún momento pensé que me quedaría solo, ¿pero sabes? desde esos todos años que llevamos juntos no hay nada en mi vida que no quiera hacer junto a ti. Por eso te amo, porque llenas todo y has llenado en mi lo suficiente como para pedirte que nunca te vayas de mi(….)-


Miré hacia sus ojos con mis pupilas húmedas de tantas emociones que invadían mi mente y le susurré :


- Yo brillo porque tú me haces brillar, te amo y así es como siempre quiero y va a ser-




Entonces con la paciencia de un ave uniéndose a la primavera me besó. Aquella noche todo el mundo cupo en ese pequeño apartamento hecho nuestro mundo de dos.

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