viernes, 24 de junio de 2011

(...)


(...)

Soy ajena
a esa bulla apabullante
que rezuman
las caquéxicas mañanas
donde el frio
devora
con presteza
el tiempo que huye pretencioso
de las manos de cualquiera.


ajena
a ese zumbido de rezos esporádicos
como hormigas
morando en ancianas sometidas
caminando entre las vigas de los
días bastardos

que solo saben

romper

y desmoronar
mas heridas en la carne

e imponerle
al daño
un nuevo nombre
de rasgos indistintos
pero vistas torpemente similares.

Tú sabes. Oírle al dolor
el dolor
de ser una lamentación liquida
de efecto narcótico y sedante

como una mentira amorosa
avinagrada en variantes

y salidas
y extraños
y desprecios
y tiempos de exilio sin rarezas

 Soy dudas. Sentirme ajena a eso
podría ser un triunfo inesperado

tan suave, tan cálido

Tan difícil de creer

Como si la ceguera permanente
que garuan las necesidades de mi
piel
añeja y erizada

fueran
palomas plomas de cordura
muriendo prestas
en los caminos esteparios

donde ni el viento
puede tomar su esencia verdadera

por el miedo
a ser arrastrada
por la demencia de la sangre
que arrastra la ansiedad

la purísima  necesidad

esta hambre de ser
 y de poseer algo mas
que la nada
de un  invertebrado abrazo
compuesto únicamente  de palabras

La torpe sensación
De desear un instante frágil
demasiado prematuro en tejidos
como para  darse a luz
en un mundo
famélico de estacas


Una gran y enorme
como pálida desesperación
aflorando en la mitad de la lengua
como una silaba
malparidamente  muerta
antes de  volar.

Entonces. ES decir
 Verse arrastrar por los limites
De no  y del nada

Del ajeno       y  nunca propio

 Gélido Sentimiento
 de poder
Besar al ingrato
 Y bastardisimo Juego
del estar
Sin nunca haber empezado
A rozar sus manos extrañas.


Ser asimismo  ajena
 Al  hedónico placer
De la felicidad desencriptada
Alguna tarde de verano
En medio de las  sabanas
De unas ganas  desnudas de discursos

 Y esa es la verdad.

 No tengo nada

Ni el mismísimo  final del concepto
De saberme ajena
De todo lo básicamente inútil a los ojos

Y aun así serlo

De aquello
Realmente
Importante para el corazón.

Desagraciada razón.

domingo, 19 de junio de 2011

Breves y verdes.

     Breves y verdes.



No necesitabas hablar
de más mañanas verdes
colgandonos
de las ramas

ni decir

con esa boca
de nido prematuro

las palabras
que aún no tomaban
el pulso adecuado
para recorrer

desde tus manos
pálidas y tímidas

la frontera de mi sed

hilvanándonos montañas
como selvas
de papel
en la piel de la esperanza.

No necesitabas
hablar

para que

esas pequeñas estalactitas
de carbón y sangre

latiendo

en mis venas
torpes y apresuradas

supiesen

que en el aroma a día
de tus ojos
eran todo

lo que se necesitaba sentir

para
soñarte

aguardarnos

y esperar.

***

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