Verde coraçao
Verde coraçao Sus ojos eran del mismo color que el prado primaveral hallable en medio de mi corazón. Había llegado un día así sin más a decirme que las casualidades no son solo ello y que las mejores maneras de agradecer a un destino juguetón y ocioso de sorpresas era conociéndonos mejor. ¿Y porque o que las cosas se sucedieron así? Sería fácil y difícil de explicar a la vez tan sencilla como complicadamente. Lo conocí hace tanto que no lo recordaba con exactitud, y es que no hay muchas palabras para explicar los ojos de una adolescente mayor de ideas, de edad, y de pretensiones, cuando solía ver a un pequeño y delgado niño que aun jugaba con sus amigos a esas cosas tan simples que un niño de primaria suele hacer. De allí podría contar un lapso largo de tiempo en el cual desapareció de mi vista como debía de ser exactamente, entre las personas que mientras crecen, se dedican a otras cosas y empiezan a buscar el oscuro y des-mapeado rumbo de su vida en adelante. Y así ...