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Verde coraçao

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Verde coraçao Sus ojos eran del mismo color que el prado primaveral hallable en medio de mi corazón. Había llegado un día así sin más a decirme que las casualidades no son solo ello y que las mejores maneras de agradecer a un destino juguetón y ocioso de sorpresas era conociéndonos mejor. ¿Y porque o que las cosas se sucedieron así? Sería fácil y difícil de explicar a la vez tan sencilla como complicadamente. Lo conocí hace tanto que no lo recordaba con exactitud, y es que no hay muchas palabras para explicar los ojos de una adolescente mayor de ideas, de edad, y de pretensiones, cuando solía ver a un pequeño y delgado niño que aun jugaba con sus amigos a esas cosas tan simples que un niño de primaria suele hacer. De allí podría contar un lapso largo de tiempo en el cual desapareció de mi vista como debía de ser exactamente, entre las personas que mientras crecen, se dedican a otras cosas y empiezan a buscar el oscuro y des-mapeado rumbo de su vida en adelante. Y así ...

Sobre aquél y mi versión de algún obsceno hecho.

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Sobre aquél y mi versión de algún obsceno hecho. Él tenía 19 años y lo amaba. Lo conocí en circunstancias tan casuales como bobas, y como casi todos, no pensé que fuese algo que pasaría de allí .Tenia él demasiadas cosas en la mente cuando me conoció, que sencillamente dijo que fui como su luz de allí en adelante, que como al mar embravecido, yo fui su luna mañosísima de bordes que subía y bajaba a mi antojo la marea de su enorme sentimentalidad. Tan rosa yo, tan cursi él. Y tanto que me importaba, que fue increíble tanto lo que sucedió como tanto lo que quisiera ahora olvidar. Fue sencillamente de esos amores tan extensos como erróneos y tan carnales como abismales. Así era él, un ego andante que cubría el pavor a verse realmente pequeño como era en realidad; tenía mucho miedo que tan solo yo vi esas tantas tardes de hotel que pasábamos enredados de piel, más no de corazones. Creo que yo amaba de él su manía de adorarme como quien idolatra esa pequeña cosa que lo h...