lunes, 15 de noviembre de 2010

Sobre el golpe de su amor indecente.

Sobre el golpe de su amor indecente.



Me malacostumbré
a verte entre horas mudas
que sabían perfectamente el motivo disonante
del cauce indecente e inestable
de sus minutos
corriendo presurosamente a tu encuentro.

Me malacostumbre a esos roces de las ganas
con la pequeña tristeza que tarareabas
en mi oído, me conformé a esperarte
viéndome con los ojos de los dedos
buscando hallar nuevamente
cada borde posible
que te llevara a lo mas profundo
de mi cuerpo asentado
entre la misma maraña de la pena

Ese esperarte desnuda
al límite de unas sábanas silenciosas
que conocían el idioma de la muerte
y del triste placer
de una herida hecha con los labios.
Ese contemplar de mi debilidad cubriéndome
la voz de sonidos secos, de culpas
inexpugnables ,cada vez que me tomabas
y hacías de mi alma un retazo de piel
que no merecía mas que
ese copo de lástima
en cada orgasmo de latidos

Tan penosamente así. Me cobije
en ese lugar encima de tu cuerpo
mientras hablabas de los sueños rotos y lo poco
que pesaban mis razones. Y cuan
bardo era mi pecho
y ese corazón traidor de esperanzas. Todo dolía
en ese sitio donde la razón
se llenaba de espinas en las manos
pero regresaba puntual
a deshacerse entre sus propios miedos.

Me malacostumbré a ti y a tu forma de ver el amor
por sobre cada poro y por sobre cada gota de sudor
que caía en esa guerra de intenciones. Esa piedad
disfrazada de piel cálida
jugando al vaivén de la mentira.

Había tanto daño allí
como para cubrir
una vida entera
del más gris de los pecados.

Pero ahora nada queda
en el cementerio
de una habitación destinada a los dolores,
a las tragedias sin suturas, a las lágrimas a deshora
surcando un rostro que adolece aún de su pasado.

Hoy aún mis manos conservan el aroma al
mal amor de tus deseos
entre cada pliegue nuevo de pupilas ,
pero a diferencia de cada memoria imborrable
que crecía en el jardín de mi espalda,
ya nada de ello podría calarme con tu veneno
desde que te dejé allí
somnoliento de enfado por mis pasos
yéndome despacio
a calmar por si sola mis temores
de algún otro modo
menos sangrante en las sienes
para aliviar el cauce de linfa de la principal
de las habitantes en mis costillas de paja

La soledad.

Me malacostumbré a necesitarte
cada noche ebria de falsedad y de apetitos ponzoñosos

pero desde ello
decidí volver a morir sola en mis cuarteles
a la espera del silencio
devorando mis últimas migajas
con esa hambre
de quien sabe desde el faro que sostiene
que su destino
está en medio de las fauces
del abismo mas insorteable.

Me malacostumbre a matarme
de tantos modos posibles
en la rutina de la vida cotidiana…

1 comentario:

Jorge Luis dijo...

como siempre me encata leerte
un beso

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