domingo, 9 de mayo de 2010

Vaivenes




Noche de solsticios
y enjambres atados a tu pelo.
Deberíamos ya vestirnos
con las luces que aún en la calle
hablan entre ellas de rumores
con olor a café y rayos de neblina

No, aún no,
dices que la desnudez de las miradas
aún no se nos han quitado de los labios.

La gente podría saber
que realmente solo nosotros
escondemos las hojas de la luna ,
la ira de los pasos secos, las sonrisas
de un día que no muere.

Déjame sujetarte el lienzo
mientras te dibujas en el pecho
con los ojos de la garua
que dibuja constelaciones en ventanas


Así es la madrugada de azulejos
que nos reflejan en su seno
así es la madrugada de luceros rojos
que destellan tu cuerpo en las manos.

Duerme, sí, quédate a dormir conmigo
mantén a las estrellas en el vino
que sabe a mañanas
de felicidad indecentemente tierna.
¿Es que debería contener mi alegría
por las ordalías sordas de un segundo?

Sólo quiero mantener tus horas en mi vientre
aguardando el aroma a esperanza
que pueda desprendernos un minuto.

Todo el tiempo lo es sólo contigo,
sí, tienes razón
aún estamos demasiado desnudos de emociones.


Es aún temprano
quédate a dormir cariño,

sí, quédate.

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