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(...) Soy ajena a esa bulla apabullante que rezuman las caquéxicas mañanas donde el frio devora con presteza el tiempo que huye pretencioso de las manos de cualquiera. ajena a ese zumbido de rezos esporádicos como hormigas morando en ancianas sometidas caminando entre las vigas de los días bastardos que solo saben romper y desmoronar mas heridas en la carne e imponerle al daño un nuevo nombre de rasgos indistintos pero vistas torpemente similares. Tú sabes. Oírle al dolor el dolor de ser una lamentación liquida de efecto narcótico y sedante como una mentira amorosa avinagrada en variantes y salidas y extraños y desprecios y tiempos de exilio sin rarezas Soy dudas. Sentirme ajena a eso podría ser un triunfo inesperado tan suave, tan cálido Tan difícil de creer Como si la ceguera permanente que garuan las necesidades de mi piel añeja y erizada fueran palomas plomas de cordura muriendo prestas en los caminos esteparios donde ni el viento puede tomar su esencia ver...